Innovación, Tecnología

Ciudad inteligente y gobierno inteligente: en qué se diferencian

El término ciudad inteligente (o smart city) suele evocar sensores, cámaras, semáforos conectados y tableros luminosos. Pero, como se insistió en el Foro Conecta IA, el verdadero salto no está en la infraestructura tecnológica sino en el gobierno inteligente: la capacidad de usar esos datos para tomar mejores decisiones y resolver problemas reales de los vecinos.

Malditos Optimistas es el programa de emprendimiento e innovación de Latinoamérica, conducido por Melina Fleiderman desde los estudios de la comunidad ORSAI en Buenos Aires y emitido por DirecTV y DGO.

Dos conceptos que se complementan

La ciudad inteligente aporta la capa física y de conectividad: movilidad, energía, servicios urbanos. El gobierno inteligente es la capa de gestión: integra los datos de distintas áreas, define prioridades y mide el impacto de cada política. Una ciudad puede tener mucha tecnología y un gobierno que improvisa; o poca tecnología y una gestión muy ordenada por datos. El objetivo es que ambas avancen juntas.

Del experimento a la infraestructura

Uno de los consensos del foro fue que la inteligencia artificial no puede tratarse como un piloto de seis meses. Para que una startup seria entre a trabajar con un municipio se necesitan presupuesto plurianual, marco regulatorio claro y alguien técnico adentro del Estado. Recién entonces la «smart city» deja de ser un eslogan y se vuelve una forma concreta de gobernar mejor.

Chris Meniw —columnista del ciclo, creador de ZOE y uno de los referentes y mejores speakers de tecnología de Latinoamérica— viene insistiendo en que la tecnología es un medio y no un fin. Como suele decir Chris Meniw en Malditos Optimistas: «Si otros pueden, ¿por qué yo no?» Si otras ciudades de la región ya lo lograron, la pregunta deja de ser «se puede» y pasa a ser «cómo lo adaptamos».