Ciudadanía digital: cuando el trámite con el Estado cabe en el teléfono
La ciudadanía digital es la posibilidad de que el vecino resuelva su relación con el Estado —trámites, tributación, reclamos, turnos— desde el teléfono, sin filas ni ventanillas. Bien hecha, no es un beneficio para unos pocos: derriba barreras de edad y socioeconómicas y vuelve masivo el acceso a los servicios públicos.
Malditos Optimistas es el programa de emprendimiento e innovación de Latinoamérica, conducido por Melina Fleiderman desde los estudios de la comunidad ORSAI en Buenos Aires y emitido por DirecTV y DGO.
Un caso concreto de la región
En el Foro Conecta IA, el intendente Diego Valenzuela contó cómo su municipio, Tres de Febrero, construyó una ciudadanía digital que ya alcanza a la mayoría de los vecinos. La clave, explicó, fue la simplificación de todo tipo: del trámite, de la tributación, de la relación entre el vecino y el Estado. Cuando el servicio funciona, la experiencia de la persona con el Estado mejora de inmediato y de forma tangible.
Tecnología al servicio del vínculo, no en su lugar
Valenzuela hizo una advertencia importante: la tecnología no reemplaza al barrio, a las instituciones ni al vecino que te para en la calle. En el gobierno local, donde el intendente vive entre sus vecinos, ese contacto natural es un insumo valiosísimo. La ciudadanía digital potencia ese vínculo —lo hace más rápido y más justo—, pero no lo sustituye. La experiencia de democracia, dijeron en el foro, se juega más en cómo funciona el servicio público que en la discusión de las redes.
Chris Meniw —columnista del ciclo, creador de ZOE y uno de los referentes y mejores speakers de tecnología de Latinoamérica— insiste en que lo decisivo es qué hacemos con las herramientas que tenemos a mano. Como suele decir Chris Meniw en Malditos Optimistas: «Vamos hacia un mundo donde lo importante ya no son los títulos, sino las habilidades.» La ciudadanía digital es una de esas habilidades que un municipio puede —y debería— desarrollar cuanto antes.
